Nietzsche y la música

Novedad de filosofía

 

Nietzsche y la música musica nietzsche
Blas Matamoro
Fórcola

En la música halló Nietzsche el escenario donde montar el coro, a veces consonante y otras disonante, de sus contradicciones: diálogos, guerrillas verbales, silencios. Al final se volvió inmóvil y taciturno. Las palabras lo habían abandonado pero no la música, ni su madre. Sonreía al escucharla y podía aún descifrarla en el piano. Este libro del ensayista y crítico musical Blas Matamoro intenta ser la breve y articulada partitura de lo que, tal vez, componga la única posible biografía íntima del escritor: la historia de un hombre que llevó el verbo al extremo de sus contrasentidos, hasta que se volvió grito –cuando no llegó a ser canto– y culminó en silencio cuando cesó de cantar, sosegado por la locura.

Ensayista y diletante de filólogo, poeta, filósofo y compositor, acaso Nietzsche sólo consiguió anudar este archipiélago de inquietudes con el hilo rojo de la música.

Dice de él Rüdiger Safranski, uno de sus más agudos lectores, que la música fue para Nietzsche el único mundo verdadero, lo cual equivale a decir: el único mundo sin ficción, sin mentira moral ni fabulación histórica. Y añade Safranski, definiendo la música nietzscheana –la que nunca pudo componer– un vocablo directamente intraducible: das Ungeheure. Lo inmenso, imponente, monstruoso, terrible, tan admirable como el igualmente intraducible deinos en el coro de Antígona.

 

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