Séneca

Novedad de filosofia

 

SénecaSéneca
Pierre Grimal
Editorial Gredos
Para quienes conocen poco la figura de Séneca, es posible que sea apenas una sombra de Nerón, y que la imagen detestable que tenemos del despótico emperador empañe la del filósofo. Sin embargo, Séneca fue su ministro tan solo mientras Nerón fue tolerable. Pasado ese tiempo, se retiró. Pero ¿de dónde sacó la entereza para tomar semejante decisión que, como bien podía prever, terminaría costándole la vida? Séneca se involucró estrechamente en la vida política de su tiempo, pero su mayor preocupación fue siempre preservar el sentido de la libertad interior. Encontró el medio para lograrlo en la doctrina estoica, que contaba entonces en Roma con numerosos adeptos. Y puesto que no solo se atuvo a los remedios que la doctrina ofrece a la condición humana, sino que asumió sus implicaciones prácticas en la vida personal, Séneca es sin duda, junto con Marco Aurelio, uno de los representantes más conspicuos y ejemplares del estoicismo.
Así, examinar la obra de Séneca equivale a seguir paso a paso la historia moral de su tiempo. Vemos madurar en ella un pensamiento que da nueva vida a las ideas de los filósofos griegos, tres o cuatro siglos atrás. Pero en Séneca lo que había permanecido a menudo en un plano abstracto y teórico se vuelve vital. Y es que su obra, que integra los textos y los actos, atestigua una toma de conciencia, la de los romanos. Embarcados en la conquista del mundo, muchos de ellos descubrieron, como Séneca, que el dominio no sería completo salvo a condición de que ellos mismos consiguieran adueñarse de su propia interioridad. Una conciencia que confluía, durante esos mismos años, con la formación del cristianismo. Séneca es, pues, el testimonio de una época decisiva en la historia del alma humana.