¿A quién le pertenece Kafka?

Judith Butler

Palinodia

15,00

Disponible  

ISBN: 978-956-843-842-5

Descripción

¿Qué decimos acerca de la petición que le hizo Kafka a Brod antes de morir? «Estimadísimo Max, mi última petición: Que todo lo que he dejado tras de mí… sea quemado sin haber sido leído». La carta de Kafka es una forma de darle a Brod toda la obra y de pedirle que sea el único responsable de su destrucción. Hay una paradoja insuperable aquí, ya que la carta se vuelve parte de la escritura, y por lo tanto parte del corpus mismo de la obra, como tantas cartas de Kafka que han sido meticulosamente preservadas a través de los años. A aún así la carta demanda destruir la escritura, lo que lógicamente implicaría la anulación de la carta misma, y en ese sentido anularía incluso el mandato que formula. Si la obra hubiese sido destruida, quizás los fantasmas del nacionalismo y el lucro no hubiesen sido alimentados. De modo que en el acto de morir, Kafka escribe que quiere que la obra sea destruida después de su muerte. ¿Significa esto que la escritura está atada al vivir, y que con su propio fallecimiento, debiera fallecer la obra? A medida que muero, mi obra debiera dejar de existir. Es una fantasía, ciertamente, la idea de que la obra no lo sobrevivirá, algo que Kafka encuentra demasiado doloroso. Me recuerda a la parábola «Los ciudadanos de un hombre de familia», que llamó la atención de Adorno por su promesa «de salvación». Está Odradek, una criatura, una bobina, una estrella, cuya risa suena como el murmurar de las hojas, revoloteando en, o debajo, o cerca de la escalera de una casa. Quizá es un hijo, o lo que queda de un hijo. En cualquier caso, es parte objeto y parte eco de una presencia humana.